Es cierto que me llaman la atención las historias de fantasía protagonizadas por personajes cuyo principal
leit motif sea demostrar su potencial (independientemente de su voluntad para ello. Hay quienes lo hacen queriendo, y otros obligados por las circunstancias.). No puedo evitarlo y no me da la gana esconderlo. Por eso me gustó tanto El Juego de Ender, Harry Potter (hasta que se convirtió en una serie absurda y repetitiva allá por el 5º libro), algunos de los ejemplares del Mundodisco, la Trilogía de la Materia Oscura y todas y cada una de las obras de Neil Gaiman (excepto su más aclamada obra,
Sandman, que se resiste a mi interés de una manera tan concienzuda que me está empezando a asustar). Es aquello de lo de "Joven, pero sobradamente preparado" del
anuncio del Clio de hace tanto tiempo.
Así que cuando cayó en mis manos el Libro 0 de la serie de cómics "Los libros de la Magia" de Neil Gaiman dije: Bueno, es como Harry Potter, pero en serio. Poco después me enteraría de la demanda que
le lanzó el amigo Neil a la Jotaká por supuesto plagio. No sé en qué quedaría, pero no debió de importunarle mucho a la bendita señora, porque ahí está tan feliz, nadando en la libra. El caso es que vi la historia de un chaval que se encuentra con que es, potencialmente, el mago más poderoso de su era y que puede elegir aprender el camino de la magia o seguir siendo un adolescente normal. Prometía y el dibujo me gustó (el último capítulo en plan cubista me impresionó mucho). Entonces hice algo insólito en mí: me lo compré.
En fin, cuando terminas el último capítulo del primer tomo sabes muy bien que la magia no es tan bonita como la pintan, que todo tiene un precio y que, desde luego, lo de la libre elección está cogido con más pinzas de las que uno podría contar. Vamos, que es como la vida misma.
Neil Gaiman
Al Libro 0 le siguen muchos más dependiendo de la editorial. Yo tengo hasta el 2 por Norma y el resto por Planeta. Son unos 15. En resumen, una pasta. Sobre todo cuando vas a la tienda de cómics con los ojos vidriosos de puro vicio y le plantas al dependiente toda la colección delante de los ojos y dices "Me los llevo todosssssss....." en plan Gollum. Ahora bien, merecen cada céntimo.
El dibujo... psé... no está dentro de mis canones, pero te acabas acostumbrando aunque durante un par de números cambia el dibujante hasta que se queda con el que terminará la serie. La lista de gente que trabaja es la siguiente: John Bolton, Charles Vess, Scott Hampton, Paul Johnson. Yo no les conozco de nada, pero sé que este tipo de detalles gustan a los que más saben de estas cosas. Incluso el guionista deja de ser Gaiman (T_T), pero el hilo de la historia no pierde su fuerza y cada capítulo, cerrado y redondo, está dedicado a las grandes "magias" del mundo: el amor, la esperanza, la fidelidad, la fuerza interior, la responsabilidad, al mismo sentido de la vida... La verdad es que te obliga a leer mucho entre líneas y a veces parece que te has saltado algún capítulo, pero es porque es el lector el que tiene que rellenar los huecos. Es una historia realmente preciosa de cómo un chaval de 13 años se descubre a sí mismo y madura a través de sus errores, de sus sentimientos y de la reflexión de sus propias decisiones.
No es Harry Potter
Tim Hunter, el protagonista, aparece al principio como un chico normal, con su monopatín y su yoyó, pasando más tiempo fuera que dentro de una casa con un padre destrozado por la muerte de su esposa (a la que recuerda teniendo el coche en el que tuvieron el accidente en el mismo jardín de la casa... ojito el morbo del tipo). Entonces descubre que es mago y poco a poco aprenderá a utilizar sus poderes gracias a sus maestros (
John Constantine entre ellos... Riéte tú de los piltrafillas que le enseñaban a Potter), a sus amigos imaginarios (OMG con algunos de ellos) y a diversos personajes peculiares que se va encontrando por ahí. A medida que avanza la historia Tim evoluciona de tal manera que sólo nos acordamos de que tiene 13 años por el dibujo y por su torpe relación con las chicas con las que se va cruzando.
John Constantine. Hellblazer
Empeñado en seguir el camino correcto, no el que le marquen otros, sino el suyo propio, va descubriendo (y el lector con él) el poder, siempre mayor que el de cualquier poder cósmico, que tiene una promesa, una palabra, un apoyo o un pensamiento a la hora de decidir su destino.
Y todo esto sin meternos en los secundarios. Sólo recordar a Molly, la novia de Tim, más peculiar que cualquiera de las criaturas mágicas que aparecen, Titania y Oberón como representantes de Faerie, Muerte, el, posiblemente, mejor personaje de Neil Gaiman, y cameos de otros personajes del universo Gaiman crean un ambiente conocido y a la vez totalmente alternativo.
Oberón y Titania
La verdad es que es cuando lo terminas no puedes quitarle la idea de la cabeza de que no es más que una gran rayada, pero me pareció tan bonita, adictiva y recomendable, que aquí estoy, reseñándolo.