Tantas preguntas y a la vez tantas posibles respuestas.
Las sagas vienen siendo una verdadera modalidad propia de formato literario que se puede remontar a Dumas, a las numerosas leyendas artúricas o incluso a cantares medievales y renacentistas. Pero no nos vamos a ir tan atrás. Volvamos al presente, al momento en el que estás delante de la estantería de tu librería y miras los títulos y reconoces nombres que te han dicho y ves que los títulos se coordinan a veces y que parece que forman series y, como te lo ha dicho ese amigo super friki que lee tanto, pues lo coges y, oyes, pues no estaba mal, y anda, si tiene una segunda parte, ¡ay va! Pues cómo mola, ¿no? ¿Y el tercero? ¡Uau! ¡Vaya, ya va por el cuarto y el quinto y…! ¡Válgame la Virgen si esto es como Falcon Crest! Ya lo veis. ¿Quién no ha pasado por esto? Comercialmente tienen muchísimo tirón en un mundo en el que no hay publicidad más poderosa que el boca-oreja.
Así pues, nos encontramos con dos tipos de sagas:
- A lo largo de todos los libros se desarrolla una gran trama que queda inconclusa al final de cada tomo y obliga a comprar el siguiente para poder enterarte del final conservando estilo, personajes y argumento general (véase El Señor de los Anillos, Harry Potter, La Materia Oscura...).
- Son libros más o menos independientes entre sí que conservan personajes, el universo, el estilo, aunque las tramas son diferentes y pueden, en mayor o menos medida, leerse por separado y en un orden aleatorio (Los libros de James Bond, La Saga de Ender, El Mundodisco de Terry Pratchett, El capitán Alatriste...).
¿Por qué han empezado a surgir como setas?
Hay muchas razones para ello, pero entre ellas podría decirse que el gran público está tan habituado a las películas con segundas, terceras y X partes, precuelas, spin-off's, making off's, series basadas en películas, películas basadas en series, series largas y cortas, etc., que el hecho de que una historia, independientemente del formato, sea autoconclusiva, es casi una idea revolucionaria.

Los finales ambiguos y abiertos han dado paso a la popularización del comentario "Buah, seguro que hacen la segunda parte". Incluso cuando parecía que una historia había terminado para bien, de pronto pasa ALGO que reactiva la historia de manera absolutamente inverosímil, pero que al fin y al cabo logra el objetivo: mantener al público enganchado.
El mercado literario, tras una época de franca decadencia, ha encontrado en la simbiosis marketiniana con los medios audiovisuales su salida económica y comercial más acertada. Y no me estoy refiriendo a los audiolibros.
La adaptación de los formatos argumentales televisivos y cinematográficos, y casi estilísticos, han convertido a las novelas de hoy día en guiones a medio hacer. La composición de grandes series mantienen al lector enganchado a los lanzamientos del autor casi del mismo modo, si no más fervientemente, que los espectadores de "Héroes", "Dexter" o "House". De una u otra manera se presupone que libro que tenga éxito, libro que se lleva al cine, y los autores, salvo contadas excepciones, tienden a escribir más cinematográficamente de lo que cabría esperar.
En una época en la que el cine se ha quedado sin historias que contar, la literatura sale en su auxilio para ayudarse también a sí misma.
Sartas Choriceras o Calidad en Serie
Tema peliagudo éste. La inmensa mayoría de la gente dirá que las sagas ceden en calidad a favor de lo comercial. Otros dirán que eso no tiene por qué ser así ya que hay sagas brillantes.
Ninguno de los dos bandos estaría equivocado. Hay sagas que, aunque nunca estarán en las listas de libros de obligada lectura en colegios e institutos son de innegable calidad, así como las hay que las lees porque el autor ha hecho un indudable pacto con el diablo para tenerte enganchado a tamaño bodrio (véase Eragon-Eldest o Crónicas de Idún y su secuela... (Comentario hecho con todo el respeto a sus autores, claro)).
Así pues, toca hacer la siguiente reflexión: las sagas son buenas de cara a la gloria y brillo de la historia de las letras o en cambio son un cáncer a extirpar.
Pues según la opinión de la que suscribe, ni una cosa ni la otra. Los extremos nunca son buenos y menos en algo como el arte.
Ahora bien, una cosa es una cosa, y dos, pues dos. Me explico: la institucionalización comercial de los fan-fics. No me parece una mala idea. De hecho es una idea genial. Es una manera que tienen los fans de algo de expresar sus inquietudes literarias de manera libre y gratis (esto sí que es por amor al arte), a todo el mundo que les quiera leer. Y en prácticamente todos y cada uno de esos fanfics encontraréis lo siguiente:
"DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen y no gano nada por esto".
Cuál fue mi sorpresa cuando hace ya unos meses, en una conocida librería encontré novelitas de autores siempre diferentes (y absolutamente desconocidos) de... "Amar en tiempos revueltos". Flipé. Aquella era la institucionalización del fanfic. Seguí buscando y descubrí los libros de "Xena: la princesa guerrera". Superando los accesos de náusea me di de bruces con los de "Star Wars", los de "Stargate", los de “Warhammer 40.000” y los de "Babylon 5". Respiré hondo, conté hasta 10 y reflexioné.
Ya no es que el mercado literario hubiera copiado estilos narrativos, ¡¡sino que había canibalizado por completo al celuloide!! Todas esas colecciones de libros, en teoría, se englobarían dentro del concepto de las sagas, pero, ¿hasta qué punto? Se basan en la misma serie o película, pero no tienen por qué estar interrelacionadas entre sí. Aunque utilicen a los mismos personajes ya no conforman una saga real ya que son historias totalmente independientes. En estos casos nos encontramos ante una deformación del formato. Ya no son sagas, sino colecciones, "bibliotecas" con un mismo título genérico. Pero sin embargo, se aprovechan de su tirón comercial.
Sagas buenas o sagas malas, primar lo comercial sobre la calidad, canibalización de estilos, etc... Todos leemos más o menos y pocos pueden decir que no han leído ninguna. Cada opinión es válida en una realidad que es más que evidente.
¿Cuál es tu saga favorita? ¿Cuál dejarías en el rincón más oscuro de la biblioteca más remota?